martes, 5 de abril de 2011

Tranquilo, aún.



  Emocionado de ir al Perú, eligió el bajo con el que se revelaría tras el explosionar de las luces y no sería pensado más como un mito ni como una ilusión. Pensó en qué canción emocionaría más, qué canción podría ser la que marcara el camino de tamaña reunión, y tras unos segundos, la eligió calmado, ensayando una sonrisa.
—Me dijeron que un grupo de comunistas había preparado un ataque contra mi —se sienta en su sillón, destapa una cerveza Carlos—. Pero todo eso fue una mentira, just shit.
—¿Y te sacaron así no más?
—Sí —apura el sorbo, acomoda sus pies Carlos—. Ni bien llegué me subieron al avión y ya estaba de nuevo en Estados Unidos.
—Mierda. ¿Y por qué fue eso?
—Por la dictadura militar pues. Juan Velasco Alvarado, nunca voy a olvidar su nombre. Me tildó de mal ejemplo para los jóvenes —hace gesto de comillas con los dedos, mira hacia los lados, no olvida—. Bajé del avión sin camisa y con el pelo como lo usaba en esa época... y me mandaron de regreso.
—Qué ganas de joder las tuyas —dijo Paul.
—Sí. Bueno, tú me conoces. Me joden las opresiones —eructa, toma otro sorbo, se acomoda el pelo Carlos—. Pero fui hace como cuatro años y todo bien, gran concierto, la gente es chévere, me hicieron homenajes, todo esa vaina —agregó.
  Paul miró un papel que le alcanzaron. Leyó que el día de mañana las entradas saldrían a la venta en Lima, que la gente conmocionada formaría interminables colas con tal de conseguir uno de los boletos que les permitan hacer un puente entre el pasado y el presente.
—Pero no te preocupes hermano —trató de tranquilizar, calmó su sed Carlos Santana—. ¿Cuando es la fecha del concierto?
—El 9 de mayo, en un mes.
—Ah, todo tranquilo Paul —truena sus dedos, acomoda su pelo—. La dictadura en Perú empieza todavía el 28 de Julio.

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