«Entre Fano, García y Alva, tienen alrededor de 400 goles en la primera división, Anímate», fueron las palabras de un periodista de CMD. «Está bien. Me animo», respondió su colega. «Me la juego por ti. ¡Va a haber otro gol!», exclamó. «¿Cuanto de tiempo adicional dio el arbitro?», preguntó otro. «Dio tres», respondió. Que los comentaristas estén claramente parcializados no es novedad, sucede en cualquier parte del mundo. Lo oímos —y nos quejamos— siempre de los comentaristas de la cadena FOX durante sus transmisiones de los partidos de la Copa Libertadores de América, más aún cuando en sus palabras no ocultan sus deseos que el equipo peruano que está jugando termine siendo el perdedor de la contienda. Paradójicamente, son los mismos periodistas que se quejan de esas conductas los que hacen lo mismo cuando comentan los partidos del fútbol doméstico.
Ahora, esto no es lo importante. Ellos pueden decir lo que quieran, sus comentarios, —notorias preferencias y fanatismos— podrán atravesar el concreto de sus cabinas llegando a muchos de los rincones del país, pero no tendrán nunca influencia en los resultados. Lo lamentable de los sucedido el último sábado por la noche en el estadio Monumental de Ate, no fue lo comentado —que ya cansa— sino la actitud que tomó el arbitró del partido Albert Caballero, olvidándose del silbato que colocó entre sus labios en el minuto 92 para recién soplarlo en el minuto 96 tras el gol del chileno Alvarez que le dio el triunfo a su equipo cuando el partido estaba empatado a uno, como debió haber terminado. ¿Que sucedió? No lo sabemos. Lo único que sí sabemos es que le ha salido competencia al programa «Un minuto para ganar» conducido por Joanna San Miguel, curiosamente también los días sábados, pues ahora se sabe que en Ate pueden darte no uno ni tres, sino hasta seis minutos para ganar.
Que empiece el conteo.

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